Estudios recientes sugieren que sus hábitos de baño no tienen que ver sólo con la salud digestiva; pueden ofrecer información fundamental sobre su bienestar cardiovascular. El estreñimiento crónico está cada vez más relacionado con un mayor riesgo de ataque cardíaco, accidente cerebrovascular y otras afecciones cardíacas graves. Si bien no existe una relación directa de causa y efecto, la conexión es lo suficientemente fuerte como para que los expertos recomienden prestar atención a la regularidad intestinal como parte del control general de la salud cardíaca.
Explicación de la conexión entre el intestino y el corazón
Durante años, los científicos han sospechado que el microbioma intestinal (los billones de bacterias del tracto digestivo) desempeña un papel en la salud sistémica. Ahora, las investigaciones confirman que la salud intestinal influye directamente en la función cardíaca. Los intestinos se comunican con el cerebro a través de una compleja red de nervios, lo que afecta la digestión, el apetito e incluso la función de los vasos sanguíneos.
Esto significa que un intestino crónicamente enfermo, como a menudo se manifiesta a través del estreñimiento, puede contribuir a la inflamación y la producción de compuestos dañinos que aumentan el riesgo cardiovascular. Los estudios que utilizan grandes conjuntos de datos (como el Biobanco del Reino Unido) muestran que las personas con estreñimiento crónico tienen un riesgo modestamente mayor de enfermedad coronaria, accidente cerebrovascular e insuficiencia cardíaca, incluso después de controlar la edad, el peso, el tabaquismo y la presión arterial.
Por qué el estreñimiento es importante para tu corazón
El vínculo no es sólo correlacional; existe una posible superposición biológica. Algunos de los mismos factores genéticos que predisponen a las personas al estreñimiento crónico también aumentan su susceptibilidad a sufrir problemas cardíacos. Además, el estreñimiento suele coexistir con otros factores de riesgo de enfermedades cardíacas como la mala alimentación, la obesidad y la inactividad.
Pero existe un peligro más inmediato: el esfuerzo al defecar. Esto aumenta la presión en el pecho y el abdomen, lo que provoca picos repentinos de presión arterial y frecuencia cardíaca. Para las personas con problemas cardiovasculares existentes, este aumento podría incluso desencadenar un ataque cardíaco. Los mareos o aturdimiento después de un esfuerzo prolongado son otra señal de advertencia.
Microbios intestinales y salud cardiovascular
El microbioma intestinal produce compuestos que impactan directamente en el corazón. Algunas bacterias crean N-óxido de trimetilamina (TMAO), una sustancia relacionada con la inflamación, la acumulación de placa y el aumento de la coagulación, todos ellos importantes impulsores de enfermedades cardíacas. Por el contrario, otras bacterias intestinales producen ácidos grasos de cadena corta, que se ha demostrado que reducen la presión arterial y la inflamación. Esencialmente, un microbioma intestinal equilibrado tiene un efecto protector, mientras que uno desequilibrado puede contribuir al riesgo cardiovascular.
Qué puedes hacer
La buena noticia es que los cambios en el estilo de vida que se sabe alivian el estreñimiento también benefician la salud del corazón. Una dieta rica en fibra (piense en una alimentación al estilo mediterráneo), mantenerse hidratado y hacer ejercicio regularmente pueden mejorar la función intestinal, reducir el colesterol y reducir la inflamación.
Si experimenta estreñimiento frecuente acompañado de mareos, casi desmayo, dolor en el pecho o dificultad para respirar, consulte a su proveedor de atención médica. Estos síntomas podrían indicar un problema cardiovascular subyacente que requiere atención.
En última instancia, prestar atención a sus hábitos intestinales no se trata sólo de comodidad; se trata de dar un paso proactivo para proteger su corazón.
“Las deposiciones regulares son un marcador clave de la salud general, mientras que el estreñimiento crónico está relacionado con un mayor riesgo de ataque cardíaco, accidente cerebrovascular y enfermedad coronaria”.
