Horario de verano: cómo restablecer el reloj biológico

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El horario de verano (DST) es un ajuste horario estacional que adelanta los relojes una hora en primavera y retrocede en otoño. Si bien originalmente se implementó para conservar energía (la idea era que las horas de luz extendidas reducirían el uso de electricidad), ahora se debate su efectividad. A pesar de esto, el horario de verano sigue siendo una práctica estándar en muchos países, alterando nuestras rutinas dos veces al año. El cambio suele ocurrir el segundo domingo de marzo (primavera hacia adelante) y el primer domingo de noviembre (retroceso).

El cambio no se trata sólo de conveniencia; altera fundamentalmente nuestro reloj biológico interno, o ritmo circadiano. Este sistema gobierna los ciclos de sueño-vigilia, el apetito, los niveles de energía e incluso el estado de ánimo. Cuando llega el horario de verano, nuestros cuerpos experimentan una forma temporal de desfase horario, lo que los obliga a adaptarse a un nuevo horario.

Cómo el horario de verano afecta su salud

La perturbación puede manifestarse de varias maneras. Es posible que le resulte más difícil conciliar el sueño, despertarse aturdido o experimentar pequeñas fluctuaciones en el apetito o el estado de ánimo. Estos efectos no son graves para la mayoría de las personas, pero son respuestas normales a un cambio repentino en el momento. El cuerpo humano puede adaptarse, pero lleva tiempo, normalmente hasta una semana.

La clave es tratar la transición como una oportunidad para centrarse en el bienestar. Pequeños cambios pueden facilitar el proceso de adaptación y minimizar las molestias.

9 consejos para adaptarse rápidamente

A continuación se explica cómo hacer que el cambio sea más suave:

  1. Cambio de horario gradual: Comience a ajustar los tiempos de sueño y vigilia entre 15 y 30 minutos antes del cambio. Esto alivia el impacto en su reloj interno.
  2. Prioriza el sueño: Garantiza un sueño de calidad en los días previos al horario de verano. Un cuerpo bien descansado se adapta más rápido. Optimice su entorno de sueño: atenúe las luces, reduzca el ruido y establezca una rutina relajante.
  3. Atención plena y meditación: Participa en la atención plena o la meditación para calmar tu mente y tu cuerpo durante la transición.
  4. Relojes preestablecidos: Ajuste los relojes antes de acostarse la noche del cambio para prepararse mentalmente.
  5. Maximice la luz natural: Pase tiempo al aire libre con luz natural, especialmente por la mañana. Esto ayuda a restablecer su ritmo circadiano.
  6. Dieta saludable: Consuma alimentos nutritivos y manténgase hidratado para ayudar a la adaptación de su cuerpo. Limite la cafeína y el alcohol cerca de la hora de acostarse.
  7. Siestas estratégicas: Si está cansado, tome siestas cortas (de 20 a 30 minutos) para evitar interrumpir el sueño nocturno.
  8. Manténgase activo: La actividad física regular, especialmente por la mañana, mejora la calidad del sueño y la velocidad de adaptación.
  9. Paciencia: Comprenda que sentirse mal es normal. Sea amable consigo mismo y dese tiempo para adaptarse.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto tiempo lleva adaptarse? La mayoría de las personas necesitan hasta una semana para sincronizar completamente sus relojes internos. Los ajustes graduales y la exposición a la luz del día pueden acelerar esto.

¿Cómo puedo ayudar a mi cuerpo a adaptarse? Cambie su horario de sueño gradualmente, optimice su entorno de sueño, manténgase activo y coma bien. La coherencia es clave.

¿Cómo hago la transición sin problemas? Comience a ajustar su horario antes del cambio, ajuste los relojes con anticipación, priorice las actividades relajantes y maximice la exposición a la luz del día.

El horario de verano es una parte inevitable de la vida para muchos. Al comprender sus efectos e implementar estrategias proactivas, puede minimizar las interrupciones y mantener el bienestar durante la transición. El objetivo no es eliminar la incomodidad por completo, sino afrontar el cambio con conciencia y apoyo a los ritmos naturales de su cuerpo.