Para muchos, el queso es una parte irresistible de la dieta. Pero las preocupaciones sobre los niveles de grasas saturadas y sodio a menudo generan preguntas sobre su impacto en la presión arterial y la salud del corazón. La ciencia que rodea el consumo de queso y la hipertensión no es sencilla: las investigaciones presentan resultados contradictorios, lo que genera confusión para quienes buscan tomar decisiones dietéticas informadas.
La evidencia contradictoria
Las preocupaciones iniciales surgieron del hecho de que el queso tiene un alto contenido de grasas saturadas y sodio, dos nutrientes relacionados con el aumento de la presión arterial. La ingesta elevada de sodio hace que el cuerpo retenga agua, aumentando el volumen sanguíneo y, en consecuencia, la presión. Mientras tanto, las grasas saturadas pueden contribuir a la acumulación de placa en las arterias, dificultando el flujo sanguíneo y potencialmente aumentando el riesgo de hipertensión.
Sin embargo, numerosos estudios cuestionan esta sencilla suposición. Algunas investigaciones sugieren que el consumo moderado de queso no está asociado con una presión arterial elevada y, en algunos casos, incluso puede tener efectos neutrales o ligeramente beneficiosos. Un estudio de 2025, por ejemplo, encontró una presión arterial más baja en los consumidores moderados de queso, mientras que un estudio de 2018 no mostró ningún impacto en los niveles de colesterol incluso con un consumo elevado (aunque durante un corto período de dos semanas).
El efecto “matriz de alimentos integrales”
La aparente contradicción puede residir en lo que los investigadores llaman “matriz de alimentos integrales”. Este concepto sugiere que los nutrientes interactúan de manera diferente dentro de los alimentos integrales como el queso que de forma aislada. Aunque el queso contiene grasas saturadas y sodio, su compleja composición podría mitigar algunos de los efectos negativos. En otras palabras, la combinación de nutrientes del queso puede funcionar de forma sinérgica de una manera que las grasas y sales aisladas no lo hacen.
Esto está respaldado por investigaciones de 2019, 2021 y 2024, que no encontraron ningún efecto cardiovascular adverso de los lácteos enteros, incluido el queso. Esto desafía la creencia arraigada de que los lácteos bajos en grasa son siempre la opción más saludable.
Guía práctica para el consumo saludable de queso
A pesar de la complejidad científica, los expertos coinciden en un punto clave: la moderación es crucial. La dietista cardíaca Veronica Rouse sugiere que consumir alrededor de 40 gramos (aproximadamente 1/3 taza de queso rallado) por día parece tener efectos neutrales o incluso positivos en la salud del corazón, según los hallazgos del metanálisis.
Para las personas con hipertensión existente, aún se recomienda consultar a un dietista registrado o a un proveedor de atención médica para determinar el porcentaje óptimo de grasa y el tamaño de las porciones.
En última instancia, la relación entre el queso y la presión arterial tiene muchos más matices de lo que se pensaba anteriormente. Si bien el exceso de sal y grasas saturadas sigue siendo motivo de preocupación, el efecto de la “matriz de alimentos integrales” sugiere que el queso, cuando se consume con moderación, puede ser parte de una dieta saludable para el corazón.

























