Cómo las teorías no probadas de Sigmund Freud dieron forma a la psicología moderna

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Sigmund Freud murió en 1939. Dejó un legado que es a partes iguales fundamento y ficción. Probablemente conozcas el nombre. Probablemente lo asocie con sofás, sueños interpretativos y una fascinación por la mente inconsciente. Pero el hombre que inventó el psicoanálisis fue mucho más controvertido de lo que sugiere la caricatura de la cultura pop. Su trabajo abrió un campo. También lo paralizó durante décadas.

Freud no se limitó a observar el comportamiento humano. Construyó un elaborado mapa de la psique. Este mapa, aunque descartado en gran medida por la ciencia moderna, cambió la forma en que hablamos de nosotros mismos. Todavía usamos su vocabulario. Todavía luchamos con sus conceptos. Ignorar su impacto es imposible. Comprender sus errores es esencial.

La estructura de la mente

La principal contribución de Freud no fue sólo la terapia. Era una teoría de la personalidad. Dividió la mente humana en tres partes. La identificación. El ego. El superyó.

El ello es la fuerza primordial. Quiere gratificación inmediata. Hambre. Sexo. Agresión. No le importan las reglas. No le importa el mañana. Sólo quiere alivio ahora. El ego es el mediador. Opera sobre la realidad. Intenta satisfacer los deseos del ello de maneras socialmente aceptables. El superyó es la brújula moral. Interioriza las reglas sociales. Él juzga. Induce a la culpa.

“El ello, el yo y el superyó no son entidades distintas con límites, sino regiones de la psique que interactúan continuamente”. – Sigmund Freud

Este modelo era intuitivo. Se sintió cierto. La gente reconoció sus propios conflictos internos en esta tríada. Dio forma a sentimientos abstractos. Pero se basó en estudios de casos. No experimentos. No datos. Sólo un pequeño grupo de pacientes vieneses ricos. El tamaño de la muestra fue pequeño. El sesgo fue enorme.

Interpretación de los sueños y el inconsciente

Freud creía que los sueños eran el “camino real hacia el inconsciente”. Sostuvo que los sueños contenían cumplimientos disfrazados de deseos reprimidos. La mayoría de estos deseos eran sexuales o agresivos. Pasó años desarrollando un sistema para decodificarlos.

Al contenido explícito de un sueño lo llamó contenido manifiesto. El significado oculto era el contenido latente. Interpretar los sueños requería descubrir este significado latente. Utilizó técnicas como la libre asociación. Los pacientes hablaban de lo que les venía a la mente. Freud luego analizaría las conexiones.

La neurociencia moderna ha desacreditado en gran medida este enfoque específico. Los sueños ahora se consideran un subproducto de la actividad cerebral durante el sueño. Ayudan a procesar las emociones. Consolidan la memoria. No necesariamente contienen mensajes secretos del subconsciente. ¿La idea de que cada lapsus lingüístico revela un trauma reprimido? Eso no está respaldado por pruebas. Todavía. El impacto cultural permanece. Todavía hablamos de “deslices freudianos”.

Desarrollo psicosexual

Freud propuso que la personalidad se desarrolla a través de cinco etapas. Oral. Anal. Fálico. Estado latente. Genital. Cada etapa se centra en una zona erógena diferente. La fijación en cualquier etapa podría conducir a rasgos de personalidad adulta. Por ejemplo, la fijación en la etapa anal puede resultar en una limpieza obsesiva o terquedad.

Esta teoría es ampliamente criticada hoy en día. Tiene un fuerte sesgo de género. Se basa en conceptos que son difíciles de probar empíricamente. El complejo de Edipo: el deseo del niño por su madre y la rivalidad con su padre